Cuando Gaio Sevio Lupo, arquitecto lusitano natural de Coimbra y al servicio del Imperio Romano, construyó el Flavium o Pharum Brigantium sobre una península en el extremo sur del golfo de los ártabros para servir de guía a la navegación marítima en el Finisterrae de Europa, no podía imaginar que ese faro, conocido desde hace siglos como Torre de Hércules, iba a permanecer, dos mil años después, en el mismo lugar y con idéntica misión.
La historia de España, de Europa y del Mundo, no habría sido igual de no haber existido el Faro de la Torre de Hércules, el cual, dos mil años después de su construcción, continua siendo testigo y guía de la navegación marítima en uno de los puntos de mayor densidad de buques de todo el planeta. Es el único de todos los faros construidos por Roma que ha llegado hasta nuestros días con su altruista misión. Es un edificio singular, romano por dentro y en sus cimientos y neoclásico por fuera, con una simbología ciudadana que traspasa los límites del laicismo para convertirse en un elemento de adoración casi religiosa.
Por todo ello, el INSTITUTO DE ESTUDIOS TORRE DE HÉRCULES, una institución cultural creada para fomentar y promocionar el patrimonio artístico, cultural y monumental de La Coruña, considera un deber solicitar a la UNESCO, con el apoyo de todos los organismos oficiales implicados, que se reconozcan los valores humanos, históricos, artísticos y culturales del faro romano más antiguo del mundo en funcionamiento, declarando a la Torre de Hércules “Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad”.

