dibujo_torre.jpg

 

La primera mención de la Torre de Hércules aparece en la “Geografía Grecolatina” de Ptolomeo en una fecha a caballo de los siglos I-II d.C., cuando menciona el “Flavium Brigantium” y lo sitúa en el golfo de los ártabros. Ese Flavium Brigantium, y siguiendo a Paulo Orosio, sería realmente el “Pharum Brigantium”, es decir, la Torre de Hércules. Según Orosio, finales del siglo IV, comienzos del V, “El segundo ángulo (de Hispania) está orientado hacia el cierzo, donde la ciudad galaica de Brigantia eleva como atalaya de Britania su faro altísimo y digno de mención entre muy pocas cosas”. Este texto vincula por vez primera la ciudad de Brigantia y un faro; es decir, se debe referir con casi total seguridad a la Torre de Hércules y a La Coruña. Asimismo, en la Cosmografía de Aethicus, del siglo V ó VI, se menciona la ciudad de Brigantia en Galicia, en la que se levanta un “altísimo faro”.

 

Como edificación, la Torre de Hércules es un prodigio arquitectónico que diferentesdedicatoriatorre.jpg circunstancias históricas nos han hecho llegar hasta nuestros días de tal forma que, por interés de toda la humanidad, tenemos la obligación de mantener en el futuro. El interior de la Torre de Hércules conserva una parte importante de la original construcción romana, como se puede comprobar tanto en los cimientos del edificio, que, desde las excavaciones llevadas a cabo en 1992 bajo la dirección de José María Bello, pueden contemplarse parcialmente en el subsuelo de la gran plataforma que rodea la base del edificio, como en la propia fábrica conservada.

 

Dión Cassio, que vivió en el siglo III, relata la venida de Julio César a Brigantia, que era el emporio del mercado del estaño. A unos 10 metros de la Torre, en la plataforma circular exterior y en dirección sur, protegida dentro de una construcción adosada, se conserva una roca con la siguiente inscripción:“MARTI AUG SACR C SEVIUS LUPUS ARCHITECTUS AEMINIENSIS LUSITANUS EX Vº”, cuya traducción más aceptada hoy en día es: “Consagrada a Marte Augusto. Gaio Sevio Lupo, arquitecto aeminiense lusitano, cumpliendo la promesa”. Aeminium es la población latina que se identifica con Coimbra. Cornide fue el primero en sospechar que la inscripción estaba dedicada a Marte, aunque la palabra “aeminiensis” la había interpretado como “afluviensis” (“aquae flaviae= de Chaves). Para Hutter, la inscripción contiene con toda probabilidad el nombre del constructor de la Torre y alguna particularidad sobre él, aunque su relación con la obra no es del todo absoluta. Todos los historiadores y arqueólogos actuales, están de acuerdo en que la construcción de la Torre es de origen romano y que la fecha de la obra se debe situar hacia los siglos I-II de nuestra era.

 

La presencia romana en La Coruña es muy evidente, no solo por el edificio de latorrenoche Torre sinohallazgos de restos sumergidos en las aguas próximas al puerto son mejores incluso que los terrestres. también por los innumerables restos romanos que han sido hallados, y continúan encontrándose, tanto en tierra firme como en el fondo de la ría.

 

En la última reforma de la Torre, iniciada en 1991, se hicieron excavaciones de la zona de la plataforma. Los resultados de estas excavaciones, permiten confirmar la existencia de restos medievales y romanos, parte de los cuales han quedado integrados en la galería subterránea por donde actualmente se comienza la visita al interior de la Torre.

 

 

 

No existen referencias escritas de la Torre durante varios siglos, aquellos que van desde la conquista de España por los suevos hasta la de los normandos en el siglo IX. Con la la ciudad debió ser destruida, refugiándose sus habitantes en una nueva y cercana población: “Burgo de Faro”.

 

Disputas por la propiedad

En 915, Ordoño II puso a la ciudad de Farum Brigantium bajo el dominio del obispo de Santiago. Esta cesión, confirmada años después por Alfonso V, parece que no incluía la Torre, que pasó a propiedad del Conde de Trava y Trastamara. Durante la época del Arzobispo Gelmírez, la Torre correspondía oficialmente a la Sede de Compostela. Por un tiempo, doña Urraca se apoderó de la misma y la cedió a Veremundo, hijo del Conde de Trava, aunque Gelmírez recuperaría nuevamente la propiedad de la Torre. En 1126 el Rey Alfonso VII se la devuelve a Rodrigo, otro de los hijos del Conde de Trava, de donde nuevamente pasaría a la Iglesia. Estas disputas sobre la propiedad de la Torre continuaron durante muchos años.

 

Alfonso IX, que ya había estado previamente en el lugar donde asentaba originariamente La Coruña, firma un documento real el 1-6-1208 para que se lleve a cabo la repoblación de La Coruña, concediéndole un fuero especial. Cita importante de esta época es la inclusión de la Torre en el “Mapamundi” del Beato de Burgo de Osma, año de 1086.

 

Este mapamundi hace referencia a muy pocos accidentes geográficos, y en él están representados la Torre de Hércules y el Faro de Alejandría, lo que ensalza la importancia que nuestro eterno Faro ha tenido siempre. También el “Códice Calixtino”, datado en 1140, se ocupa de La Coruña; en él se habla de “Crunia” como “una de las ciudades más grandes de España”.

 

 

 

En 1682, el Duque de Uceda, a la sazón Capitán General, decide proceder a su restauración, a petición de los cónsules de Flandes, Inglaterra y Holanda, cuyos gobiernos se encargarían del mantenimiento durante 10 años. Se construyeron dos torreones como remate superior de la Torre, con lo cual durante un tiempo existían dos faroles. No demasiados años después, y, por el nuevo y paulatino abandono de la Torre, comenzaron a desmoronarse los torreones.

 

 

 

torrefaro.jpgEn 1785, Carlos III crea el Real Consulado Marítimo de Galicia, encargándole de la restauración de la Torre. Los trabajos, finalizados en 1791, son dirigidos por Eustaquio Giannini, teniente de Marina natural de Badajoz. Giannini restaura los 3 pisos romanos, recubriendo el núcleo antiguo con un revestimiento de granito de 60 cm. de ancho, y añadiendo un nuevo cuerpo de sección octogonal de “36 varas” de altura, para servicio de la luz del faro. La Torre se suma a la serie de edificaciones neoclásicas existentes ya en La Coruña.

 

Desde entonces, y hasta nuestros días, la Torre sufrió sólo leves modificaciones. La última restauración, que se acompañó de un estudio arqueológico de la plataforma en que asienta el edificio, se llevó a cabo a comienzos de los años 90. Se dieron por finalizados los trabajos el 30 de noviembre de 1992, y el 3 de diciembre se produce el accidente del petrolero “Aegean Sea”, afectándose la Torre con la humareda del gran incendio originado, por lo que nuevamente se tuvieron que colocar los andamios para la limpieza de la fachada.

 

 

El granito de la fachada es de color ocre o crema, y fue traído desde canteras próximas a la Torre. Giannini dejó intencionadamente, no solo como recuerdo histórico sino también como elemento decorativo, el borde externo de la rampa antigua, que se puede apreciar como va ascendiendo oblicuamente encintando las cuatro caras de la fachada de la Torre. En las dos puertas de entrada hay unas placas de cobre con inscripciones conmemorativas, en castellano y en latín, de esta restauración de Carlos III. Asimismo, en la cúpula del cuerpo octogonal añadido una inscripción pintada recuerda a Giannini. Desde entonces, y hasta nuestros días, la Torre sufrió sólo leves modificaciones.

 

Conocer por experiencia propia lo que nuestros antepasados vieron y sirvió de estimulo a su imaginación para crear tan fantásticos mitos y leyendas sobre la Torre. Ver amanecer desde el monte de San Pedro, observar la Torre desde cabo Prioriño, tocarla con los dedos desde el agua, contemplar un atardecer desde las costas de Mera con la Torre rematando la ciudad.., son experiencias que no se olvidarán.